Jue. Abr 18th, 2024

Eike Schmidt (Friburgo, 1968) es un hombre con arrebatos geniales para la pedagogía pública del arte. Un director de museo extraordinario que ha llevado la Galería de los Uffizi en Florencia al siglo XXI aplicando nuevas técnicas de gestión museística. Schmidt es un tipo erudito, dialogante y abierto. Un hombre declaradamente “antifascista”. Y, además, es alemán. La teoría dice que todos estos elementos le convertirían en un estereotipo poco propio del perfil de candidato que Hermanos de Italia, el partido de Giorgia Meloni, suele presentar a las alcaldías de Italia. Pero, justamente por eso, por su capacidad de pescar en otros caladeros, la primera ministra le quiere ahora como candidato a la alcaldía de Florencia. Y él se lo está pensando, pero parece una de las pocas vías posibles para arrebatarle a la izquierda un feudo inexpugnable desde hace casi cinco décadas en las elecciones que, probablemente, se celebrarán a comienzos de junio.

Schmidt ha sido el director de los Uffizi durante nueve años (desde 2015), cargo que abandonó este lunes para pasar a dirigir el museo Capodimonte de Nápoles. Y en ese tiempo, después de un trabajo exhaustivo y muy bien publicitado —por sí mismo y por la agencia de comunicación que se encargó de esta tarea— se ha convertido en una figura pública de primer nivel en Florencia y en Italia. La envergadura y la influencia de la galería renacentista, que en épocas de los Medici era algo así como el ala oeste del Palazzo Vecchio —actual sede de la alcaldía— se ha convertido en una institución desde la que es posible también hacer política y establecer debates públicos que afectan a toda la ciudadanía.

Recién nombrado director de la Galería de los Uffizi, Eike Schmidt, primer extranjero en gobernar uno de los máximos exponentes culturales de Italia, agarró un micro y lanzó por los altavoces exteriores un mensaje contra los carteristas y pequeños timadores. Alguien se preocupaba por primera vez —y con acento alemán, por cierto— por el caos reinante a las puertas del museo. Pero tres días después, la policía de Florencia se presentó en su despacho y le entregó una multa de unos 300 euros por realizar anuncios en vía pública sin el permiso correspondiente. La mañana siguiente, Schmidt fue al Ayuntamiento, se rascó el bolsillo y pagó la deuda. Una muestra más de su concepción intervencionista, y algo populista y popular, de la gestión del museo, que recibe casi cuatro millones de visitantes al año.

El director alemán —recientemente nacionalizado italiano— no ha tomado aún la decisión definitiva sobre si debe dar el paso. “Mire, no tengo novedades. Es algo que todavía debo terminar de meditar. Está todo abierto y no tengo una fecha límite para decidirlo”, apunta en conversación telefónica a este periódico. En el partido confirman que la partida está abierta y que el hecho de que haya apenas tomado posesión de un nuevo encargo de gestión museística en Nápoles no influirá en la decisión. “Son cosas separadas. No tienen nada que ver”, señalan.

Hegemonía cultural

El proceso de seducción de Schmidt, que mantiene buena relación con el ministro de Cultura, Gennaro Sangiuliano, se enmarca también dentro de la estrategia de la derecha radical de dar un papel central a la cultura en su programa político. Una idea que entroncan con los viejos postulados del filósofo Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural, tradicionalmente atribuida a la izquierda y que ahora el partido de Meloni quiere revertir.

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Schmidt, que se declara una persona de centro, cree que Florencia debe afrontar dos asuntos fundamentales: seguridad e infraestructuras. El gran problema de la ciudad, sin embargo, el turismo de masas y vaciamiento progresivo del centro en favor de los apartamentos turísticos y los hoteles, no es una prioridad. “Yo no limitaría las visitas a la ciudad. Pero se puede trabajar sobre la idea de programarlas”, señaló hace unos días en una entrevista, recordando que también en los Uffizi se recurrió a esta fórmula utilizando un algoritmo para descongestionar el museo.

La izquierda ya ha comenzado su campaña contra Schmidt. El actual alcalde, Dario Nardella, le ha acusado de incumplir los plazos en los que pensaba aplicar las reformas en los Uffizi. Otras voces aseveran que el actual director de Capodeimonte se aseguró la plaza en el museo napolitano a cambio de presentarse en Florencia, de modo que si perdía la carrera electoral tuviese un lugar donde seguir trabajando. Obviamente, Schmidt niega ese extremo, pese lo extraño que podría resultar que volviese a Florencia pocos días después de aterrizar en la ciudad partenopea.

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