Jue. Abr 18th, 2024

Un 40% de los jóvenes está bastante o muy de acuerdo con la idea de que “la llamada crisis ecológica de la humanidad se está exagerando mucho”. Una percepción que aumenta en 10 puntos porcentuales desde el año 2005. Incluso, más de la mitad de las personas de entre 15 y 29 años piensan que “aún queda mucho tiempo para actuar” frente a los problemas que atañen al entorno. Así lo refleja el informe Jóvenes y medioambiente, publicado por el Observatorio de la Juventud de la Fundación SM, presentado en la víspera del Día Mundial de la Educación Ambiental, el 26 de enero, tras encuestar a 1.500 residentes en España situados entre esa franja de edad.

Por otra parte, el 47% de los jóvenes considera que la batalla por salvar el medio ambiente ya está perdida: “Hagamos lo que hagamos”. Creen que el “colapso ecológico” ya no es evitable. La visión pesimista con respecto al futuro de la humanidad, especialmente a largo plazo, predomina entre estas personas. Las emociones manifestadas con respecto a la problemática ambiental se identifican principalmente con la impotencia, el miedo y la tristeza.

La preocupación de los jóvenes es indiscriminada, esto es, dirigida a la situación de la degradación ambiental en su conjunto más que a problemáticas puntuales. Aún así, el 86,2% está muy preocupado por el calentamiento global y el 82% demanda más formación sobre temas ambientales de cambio climático, contaminación y consumo en los centros educativos, pues la mitad admiten desconocer la repercusión ambiental de las compras que adquieren. Actualmente, la mayoría se ven dispuestos a renunciar a productos elaborados de manera no sostenible o a servicios de reparto a domicilio. Por el contrario, se resisten a dejar de viajar en avión o a no utilizar su coche particular.

El 72% de los jóvenes sostiene la idea de que “somos incapaces de abandonar nuestro estilo de vida consumista para frenar el desastre ecológico”, pero el 61% considera que si todo el mundo tuviese su nivel de compromiso con el medio ambiente, la problemática se solucionaría.

Ante las ambigüedades de los resultados del informe, uno de los investigadores del estudio, Juan María González-Anleo, ha opinado que los chicos creen saber más de lo que en realidad saben: “El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión del conocimiento, dijo Stephen W. Hawking”.

Ariana Pérez, otra de las coordinadoras del estudio, ha reconocido “no pocas incoherencias en las actitudes mostradas en el informe”. Aun así, ha preferido hablar de una juventud diversa y ha planteado tres perfiles ante el cambio climático: los negacionistas, los concienciados y los apáticos.

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Un tercio de la juventud española manifiesta un perfil de activismo muy comprometido, por ejemplo, el 48% asegura haber participado en actividades para conservar la naturaleza. Alrededor del 30% ha participado en manifestaciones a favor del medio ambiente y cerca del 40% asegura que lo hará en el futuro. Uno de cada cuatro jóvenes dice haber votado a partidos ecologistas.

Los jóvenes muestran también una buena predisposición a comprar moda sostenible y tecnología producida de forma ética, aunque esta práctica sea solamente ocasional. El 45% reconoce haber comprado en alguna ocasión estos productos y aproximadamente un 30% asegura hacerlo con frecuencia. El estudio indica que la capacidad económica es determinante en los hábitos de consumo y condiciona la decisión de compra de la mayoría de los jóvenes, aunque también influyen criterios como que el producto sea de proximidad, de una marca conocida o ecológico.

Los resultados muestran un elevado nivel de concienciación ambiental en la separación para su reciclaje de papel y cartón, vidrio, pilas y baterías. “Estas conductas son más frecuentes entre las mujeres, los jóvenes de clase social alta y las personas de extrema izquierda”.

Desconfianza de la voluntad política

Las grandes empresas son identificadas por la mayoría de los jóvenes como las principales responsables de la crisis ecológica. En un segundo nivel de responsabilidad aparecen el Gobierno y la Unión Europea, seguidos de las personas con grandes recursos económicos y de las Naciones Unidas.

Las instituciones supranacionales como la Unión Europea o las Naciones Unidas son apreciadas, aunque tímidamente, como las únicas que están colaborando en este desafío global, además de su generación. El 73% concuerda con la idea de que “los políticos no tienen intención de implementar los acuerdos a los que se llega en las grandes cumbres mundiales”.

La gran mayoría teme que los costes de la transición ecológica recaigan sobre la clase media y los colectivos más vulnerables. Dos de cada tres encuestados defienden que los impuestos ambientales se dirijan principalmente a las personas más ricas y sean casi imperceptibles en los colectivos más vulnerables.

Educar en la competencia ecosocial

El estudio insiste en que para alcanzar un mayor compromiso en la lucha contra el cambio climático es necesario educar en la competencia ecosocial porque, en general, los jóvenes demuestran tener un conocimiento superficial y fragmentario de esta cuestión, por lo que se considera muy importante que desarrollen un mapa conceptual más amplio del sistema de producción, distribución y consumo, así como de su propio papel dentro de él. Por ello, reivindican el papel irremplazable de la escuela.

Los expertos abogan también por formar ciudadanos globales con una profunda identidad medioambiental, al considerar que las conductas de los jóvenes están muy influenciadas por su entorno más cercano, como la familia, los amigos o el contexto educativo, que terminan por influir en sus decisiones de consumo.

Aumentar el sentimiento de autoeficiencia de los jóvenes es uno de los principales retos que señala el informe: “Es preciso fortalecer la creencia de que ellos tienen un papel clave y necesario y de que su impacto es eficaz”.

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