Mar. Abr 23rd, 2024

El galerista, restaurador y arquitecto Xefo Guasch retratado en 2009.Edu Bayer

Estic cascat”, entraba diciendo Xefo Guasch a todas las fiestas que él mismo montaba en los innumerables locales que tuvo. Guasch fue el agitador (y, por lo tanto, productor) cultural por antonomasia. Amigo de los intelectuales más serios, de los artistas más vanguardistas y de toda la fauna nocturna sin excepción, lograba reunir a todos ellos en noches inolvidables. Primero empezó por la Ceca, amplio espacio situado en una estrecha calle del barrio de La Ribera, mucho antes de ponerse de moda, que tuvo que dejar por las molestias que causaban a los vecinos los clientes que delante de la puerta alargaban la noche. Suya fue la idea de Turmix, que en 1985 convocaba una vez al mes en un local diferente —a cual más sorprendente— a innumerables seguidores. Pronto se hizo con uno ya conocido en tiempos franquistas, pero algo olvidado, el Bikini, en lo alto de la Diagonal, al frente del cual estuvo un lustro (1985-1990). Seguidamente, se hizo restaurateur y con su mujer Teresa Reyes (con quien se casó en Las Vegas el día de San Valentín de 1992, dentro del proyecto Honeymoon de Miralda), pusieron en marcha el Rita Blue y el Rita Rouge, en el barrio antiguo.

Aunque hizo la carrera de Bellas Artes ya mayor (la escultura y la pintura fueron su fuerte), había sido cofundador, en 1977, de Vídeo Nou, el primer equipo en Barcelona que utilizó ese medio para documentales culturales, entre ellos uno sobre las plazas duras que ya empezaban a inundar la ciudad y con la cuales no estaba nada de acuerdo. Pero Guasch era arquitecto, profesión que practicó a escala particular: sus propios locales y hábitats, los pisos y bares de los amigos (en el Pueblo Español, por ejemplo), la casa de sus padres en el campo y finalmente la suya en el Delta del Ebro, lugar donde, junto a su pareja, la pintora Curra Martín, se ha ido tan fácilmente como parecía que viviera: una fuga de gas, mientras dormían, el 31 de diciembre.

Los viajes fueron también importantes en su vida. Estuvo donde se cocían las cosas. Un viaje a Oriente, muy a principios de la década de 1970, lo marcó más que otros, pero también acudía a importantes festivales, tanto de música como de arte. En los primeros Encuentros de Pamplona (1972) no se dedicó únicamente a filmar y fotografiar lo que sus muchos amigos participantes hacían, sino que les ayudaba a montar sus proyectos más complicados. En 2008 se puso al frente de una galería tan polifacética como él mismo, que ocupaba los bajos de su propia casa en el Poble Nou, lugar donde se había finalmente instalado. En Chez Xefo, con aspecto de gran y confortable salón, la programación era constante y de todo pelaje: exposiciones, conciertos, sesiones de cine… Xefo tenía un following intergeneracional y no le importaba alternar nombres asentados y noveles. A todos acogía con el mismo entusiasmo y dedicaba la misma energía.

Hace un par de años, decidió tomar un curso por internet que le ayudaría a escribir su autobiografía. Se titula, sin muchas florituras, Autobiografía de Xefo Guasch 1949-2022 y la ha entregado en una autoedición a algunos de sus amigos. En sus páginas está encerrada la Barcelona pre y post olímpica más cool. Xefo deja huérfanos, además de a sus propios hijos, Cris y Nil, a infinidad de amigos y artistas, desde Muntadas o Zush, a Mariscal, Nuria Ribó o José María Martí Font, quien en su obituario para el diario La Vanguardia escribe: “… con su marcha empieza el canto del cisne de toda una generación barcelonesa”.

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