Lun. Abr 15th, 2024

El nuevo disco de Robe Iniesta, Se nos lleva el aire, que se publicó el 15 diciembre, ha sido el más vendido en las Navidades en España. Según datos de Promusicae, la empresa más fiable sobre ventas de música y que contabiliza ejemplares físicos y escuchas en diversas plataformas, de las tres semanas navideñas, el cuarto álbum en solitario del fundador de Extremoduro ha reinado en dos. La otra ha sido para la reunión de El Último de la Fila. Por debajo, Aitana, Bad Bunny, Melendi o Taylor Swift. El dato tiene mérito, ya que Se nos lleva el aire es un álbum de rock, género hoy en día alejado de las listas de éxito, y está compuesto por 10 temas, 5 de ellos que pasan de los 6 minutos. En total, 57 minutos. Una estrategia audaz en un mercado que demanda canciones de menos de tres minutos. Pero Iniesta juega en otra liga.

La joya del álbum es precisamente la canción más extensa, El poder del arte, de 9,09 minutos, un tema con varios estados de ánimo musicales y líricos en el que subyace un mensaje: el arte como único espacio de redención. La canción propone el arte como aventura humana de primer orden. Así dice una de las estrofas más turbadoras: “Tal vez si pudiera hablarte de si fuera cierto que el poder del arte bien nos pudiera salvar, de una vida inerte, de una vida triste, de una mala muerte”. Una metacanción, música que habla de música (y por lo tanto de arte). Colocada estratégicamente en la mitad del disco, el tema comienza con unas gotitas de acordes de guitarra, un violín arrullador y un clarinete. Una melodía hermosa da pie a la voz de Robe: “Demasiada droga, solo para mí, ojalá que te hubieras quedado conmigo aquí”. Una canción que empieza hablando de la pérdida y luego cuenta cómo a través de la música, aunque solo sea durante unos minutos, se recobra lo perdido.

El escritor Lorenzo Silva es seguidor de Robe Iniesta desde los primeros discos de Extremoduro. “Robe está cada día más filósofo. Me consta que lee y de manera voraz, pero también le surgen cosas de forma intuitiva. Es una mezcla rara de intuición, de escarmiento vital y de lecturas”, señala por teléfono Silva. Sobre la canción, el autor de libros como Púa o Nadie por delante (ambos en Destino) apunta: “Es un texto de filosofía del arte. Y las ideas son las clásicas: el arte como redención, de Schopenhauer; el arte como lugar de las verdades humanas, como dice Benjamin; y el arte como perturbación, algo que siempre comentó Nabokov: el arte no debe agradar. Y otra cosa: el arte como fijación de la memoria y como recuperación de lo perdido”.

Robe reconoció en diciembre en la rueda de prensa de la presentación del disco que El poder del arte le tuvo obsesionado: “Componer no es fácil o difícil, o más trabajoso o menos. O sale, o no sale. Existe un misterio ahí que no se sabe… Luego, en el local de ensayo hay canciones que es más difícil acabarlas, que dan más juego, que puedes experimentar más. No es que sea más difícil, pero dan más juego. Como El poder del arte, en la que todavía estaríamos en el local de ensayo trabajando. La tuvimos que dejar porque era la fecha de la grabación, pero si no, estaríamos todavía con ella. Bueno, de hecho, seguiremos, porque en directo irá cambiando”. Robe presentará el disco a partir de mayo en una gira que ha llamado Ni santos ni inocentes.

Desde la sencillez con la que habla, muchas veces a golpe de pálpitos, Iniesta (Plasencia, Cáceres, 61 años) transmite ideas de mucho calado, como lo demuestra esta canción. Así lo ve la escritora vasca Eider Rodríguez, autora de Material de construcción (Random House): “Me gusta cómo mezcla lo sucio con la aceptación, con el presente, con el ahora y con vivir la vida. Como cuando dice: ‘Hay algo en esta canción que me enerva, y es que deja en la boca un sabor como a mierda’. Me parece muy bukowskiano. En algunos momentos Robe parece un Bukowski abstemio. Esos ratitos que tuvo Bukowski en los que estuvo abstemio”. Rodríguez traza vasos comunicantes entre El poder del arte y una canción de Rafael Berrio: “He pensado en Simulacro. Porque las dos hablan de que nos pasamos toda la vida haciendo borradores, pero nos olvidamos de que hay que vivir la vida de verdad, porque no tenemos dos. Hay un llamamiento a eso en la canción de Robe. Pero no lo hace en plan ‘tomemos las calles de la felicidad’. Me gusta desde dónde lo hace: desde su pausa, desde su conciencia, desde su presente. Es un llamamiento sutil al ‘vamos a vivir, que no hay más”. Sobre la utilización de palabras malsonantes, Iniesta dijo en la presentación del álbum: “No sé hacerlo de otra forma. Me gusta usar el lenguaje en toda su amplitud, utilizar las palabras para expresar mejor lo que quiero decir. Y si son palabras malsonantes, quizá las necesitas para expresar cierto tipo de cosas”.

Robe Iniesta, en el WiZink Center de Madrid, en noviembre de 2022. Europa Press News (Europa Press via Getty Images)

El poeta y escritor Carlos Zanón, autor, entre otras novelas, de Taxi (Salamandra) o Yo fui Johnny Thunders (RBA), es otro de los subyugados por El poder del arte. “La canción es una barbaridad y Robe me parece un gran letrista. No puedo estar más de acuerdo con lo que dice: el arte es lo único que sobrevive a la muerte, lo único”, opina Zanón, que añade: “Robe cuenta en el tema lo que pasa con los creadores, que buscamos sentir algo inexplicable que equilibre el mundo abollado en el que vivimos. El creador es un ser abollado que no encaja en nada, por eso vas buscando la manera de encajar. Y la creación es tu manera de tener un equilibrio, de encontrar tu sitio”.

En la extensa letra de El poder del arte, Iniesta también habla de un tema que ya ha tratado en otras de sus canciones: la reivindicación de sus errores sin renegar, pero “no para jactarse de ellos”, como señala Silva, sino para ser consciente de que esa equivocación hace a una persona ver lo que ve ahora, sentir y darse cuenta de las cosas. En definitiva: ser lo que es hoy. Eider Rodríguez pone en valor esta asunción: “No se arrepiente y está bien. A mí me cuesta mucho leer literatura que esté basada en la culpa, y hay un montón. Me aburre y me paraliza. Y en la canción se agradece que no lo haga”.

Iniesta contó en la rueda de prensa de diciembre su relación con las musas. “Hay gente que me pregunta sobre mis letras: ‘Esto no lo he entendido, ¿qué quiere decir?’. Pero es que yo soy tan víctima como ellos: yo tampoco entiendo algunas cosas que escribo. Luego, poco a poco, las voy entendiendo”. Zanón admite: “Sabe moverse bien en los dos mundos, el sórdido, el de la droga, y luego el tío vulnerable que se hace daño. Crea grandes imágenes y busca la complicidad del que lo escucha. Es un gran poeta”.

El poder del arte finaliza con una cita de la película Apocalypse Now (el clásico sobre la guerra del Vietnam de Francis Ford Coppola), una del personaje desquiciado de Robert Duvall: “Me encanta el olor a napalm por la mañana”. Aquí Lorenzo Silva se muestra como un fan crítico y asume: “No sé si me convence ese final gamberro después de una canción tan buena”. Zanón lo justifica así: “Igual me chirría un poco, sí. Pero son las chaladuras de Robe, todos las tenemos”.

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